1. Introduce la energía almacenada. Usa kWh térmicos, no solo el volumen físico del depósito.
2. Define la fracción utilizable. Reserva la parte que no quieras considerar disponible para operación.
3. Añade la demanda media. Introduce la carga térmica que el almacenamiento debe sostener.
4. Estima las pérdidas. Aplica un porcentaje si quieres descontar pérdidas durante el periodo.
5. Revisa la autonomía. El resultado principal se muestra en horas y se acompaña de energía útil neta.