1. Anota los consumibles
Suma el coste de esmalte, gel, limas, guantes y demás material que se gasta realmente en una sesión.
2. Indica la duración
Introduce los minutos de trabajo efectivo que requiere el tratamiento, no la duración total de apertura del salón.
3. Valora la mano de obra
Usa el coste laboral por hora que quieras imputar al servicio, incluyendo los conceptos que formes parte de tu coste interno.
4. Añade los gastos generales
Reparte por tratamiento una cantidad para alquiler, suministros, software, lavandería u otros costes indirectos si deseas incluirlos.
5. Revisa el resultado
Compara el coste estimado con tu precio actual y observa el precio orientativo que dejaría un margen bruto del 30 % sobre el precio.